Julio CORTÁZAR

LA RAÍZ DEL OMBÚ

 

Un auto, lo mismo que un país, puede echarse a perder en cualquier momento”. Premonitorio, como tantas otras veces, Julio Cortázar eligió comenzar con esa analogía la historieta que creó junto con el artista plástico Alberto Cedrón. En 1977, entre Roma y París, trabajaron a cuatro manos para conjugar los fantasmas de sus respectivas infancias porteñas, con monstruos verdaderos, asesinos reales de la última dictadura cuyas referencias llegaban por carta o en boca de algún exiliado.

Así nació La raíz del ombú, una alegoría de la historia argentina entre 1930 y fines de los 70. Un relato que es también una reconstrucción de la vida de la familia del propio Cedrón, desde que naufraga el barco —Principessa Mafalda— en que su padre llega de Italia y hasta el asesinato de uno de sus hermanos, en manos de los militares de la última dictadura. Alberto es el mayor de cinco hermanos. Entre ellos, el legendario Juan Tata Cedrón que dirige su propia orquesta tanguera, La Típica, en París.

Esta historieta, que tanto Cortázar como Cedrón idearon para llegar al público masivo de un modo efectivo, nunca se publicó. En busca de un interesado que quisiera editarla, Cedrón le dejó los originales a una editorial de Venezuela, que sin su consentimiento hizo una pequeña tirada de 300 ejemplares, impresos con muy mala calidad, que nunca llegó a distribuir. Aunque se sintió estafado, como ya no podía entrar a Venezuela, se resignó hasta ahora a no verla publicada.

Sin embargo, el llamado de Facundo de Almeida, curador de la muestra itinerante Presencias sobre la vida de Julio Cortázar, que durante este año y el 2005 recorrerá América latina y Europa, lo movilizó hasta tal punto que decidió viajar desde Lisboa a Buenos Aires con la única copia de esa impresión apócrifa que conservaba.

En Argentina, los responsables de la Fundación Internacional Argentina, que son quienes crearon y armaron Presencias, se entusiasmaron tanto con su gesto que terminaron definiendo con Cedrón una reedición —o primera edición comercial— de este libro. El libro se presentará en la Feria del Libro de Colombia, cuando se inaugure por primera vez la muestra, y será distribuido después en el país. Se supone que en agosto, cuando esta misma muestra llegue al Centro Cultural Recoleta para conmemorar los 90 años del nacimiento del autor de Rayuela.

El Cortázar que se vislumbra en La raíz del ombú se reconoce en el carácter casi panfletario de esta historieta. Como ocurrió con Fantomas contra los vampiros multinacionales —el único otro cómic que publicó, en 1977— el autor eligió este formato para dar un claro mensaje político, suponiendo que una historieta tiene mayores posibilidades de competir con los medios masivos —su “enemigo”— que una novela de lectura compleja. Además, en toda la obra de Cortázar hay una vinculación entre lo fantástico y lo cotidiano, que también está presente en este relato. Los hombres-larva, contra quienes deben luchar los personajes de La raíz…, forman parte —sin duda— de su “bestiario”.

Para que se pudiera editar La raíz del ombú hubo que trabajar en la recuperación de las imágenes y el color, ya que los originales se habían perdido. En esa tarea trabajaron, junto a Cedrón, el artista Emilio Torti y un importante equipo de técnicos. Después se sumó al equipo el historietista Nahuel Rando, que reorganizó el flujo narrativo de la historieta porque en la versión original había cierto desfasaje entre los textos y algunos dibujos.

Pudieron recrear así el espíritu original del trabajo de Cedrón y Cortázar. Una historia de nostalgia, terror y violencia, contada a partir de cuadros que son tormentas de color y también paisajes en blanco y negro.

Como el último, que termina con el nacimiento de un pollito —un único toque de color en un cuadro blanco y negro— en señal de esperanza.

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